¿Cuándo estará justificada la legítima defensa? - Sagué Abogados penalistas
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¿Cuándo estará justificada la legítima defensa?

¿Cuándo estará justificada la legítima defensa?

Nos encontramos ante una situación en la que, para defendernos, no hemos tenido otra alternativa que lesionar al agresor, y ahora, dicho agresor nos ha denunciado por las lesiones que le hemos causado. ¿Nuestra conducta lesiva quedará impune? ¿En qué casos nos van a condenar por dichas lesiones?

La legítima defensa es una causa eximente de responsabilidad penal  que se necesita para impedir o repeler toda agresión injusta de bienes propios o de un tercero. Es decir, la legítima defensa supone que, aquella conducta que podría parecer delictiva desde un principio, pueda quedar justificada por la necesidad de autoprotección, y por lo tanto, no ser objeto de condena penal.

Dependiendo de las circunstancias, puede actuar como eximente completa, incompleta o atenuante. La consecuencia de la aplicación de la eximente completa de la legítima defensa sería la absolución del acusado.

El artículo 20.4 del Código Penal establece que están exentos de responsabilidad criminal los que obren en defensa de la persona o derechos propios o ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes:

1) Agresión ilegítima. En caso de defensa de los bienes se reputará agresión ilegítima el ataque a los mismos que constituya delito y los ponga en grave peligro de deterioro o pérdida inminentes. En caso de defensa de la morada o sus dependencias, se reputará agresión ilegítima la entrada indebida en aquélla o éstas. Se considera agresión ilegítima para diferenciarla de otros tipos de acción como podría ser la ejercida por las fuerzas del orden, o por ejemplo para la entrada en una vivienda por orden judicial.

2) Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla. La necesidad de defensa es el requisito esencial para aplicar esta eximente.

3) Falta de provocación suficiente por parte del defensor. Este supuesto implica que la persona que ejerce la legítima defensa, no debe haber provocado al agresor. Es decir que el ánimo de la persona debe ser siempre defensivo, basado en la necesidad de autoprotección.

Además, la doctrina considera que es necesario que el defensor actúe con la única intención de defenderse. Si el defensor actuara contra el agresor sin intención de defenderse y con ánimo lesivo, no se trataría de legítima defensa.

En definitiva, podemos afirmar que es aplicable la legítima defensa cuando nos encontramos ante una situación en la que no hemos tenido más remedio que utilizar aquello que tenemos más a mano para defendernos, lesionando a la persona que ha empezado la agresión.

Así, por ejemplo, estaría justificado el uso de un cuchillo si la agresión se produjera en la cocina y justamente lo que encontramos más a nuestro alcance fuera un cuchillo, no obstante, sería más difícil de justificar el uso de un cuchillo si la agresión se produjera en plena calle, donde no es habitual encontrar cuchillos al alcance de los ciudadanos.

Asimismo, es muy relevante destacar que, tal y como considera nuestra Jurisprudencia, en el hipotético supuesto que pudiéramos escapar de alguna forma del lugar, nuestra conducta lesiva ya no estaría justificada, puesto que siempre deberemos utilizar la vía menos dañosa para defendernos.

En el mismo sentido, tampoco estaría justificada la acción que superara los límites de la defensa, es decir, si por ejemplo lográramos inmovilizar al agresor y ya no nos encontráramos en peligro, cualquier acción lesiva que se propasara de esta inmovilización ya no estaría amparada por la legítima defensa.

Por último, es importante tener en cuenta que la legítima defensa no se reconoce de manera automática por los Tribunales. Para lograr su aplicación, el abogado de la defensa o el representante del Ministerio Fiscal deben solicitar su aplicación en el momento procesal oportuno.



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